El Pueblo Pasiego

El pasiego forma un grupo especial muy bien definido dentro del conjunto ét- nico cántabro al que pertenece. Utiliza un lenguaje autóctono fácilmente reco- nocible. Una de sus principales carac- terísticas es que se trata de un pueblo ganadero de naturaleza trashumante, que con las estaciones traslada sus vacas de cabaña en cabaña.

Estas duras condiciones de vida y el aislamiento en las montañas pasiegas han determinado una serie de costum- bres, tradiciones y elementos folclóri- cos muy particulares que les diferen- cian del resto de pueblos cántabros, siendo uno de los pueblos más singu- lares de Europa.

Transporte de Hierba

Uno de los procedimientos más curiosos para transportar la hierba es el de los pasiegos, que con sólo una vara flexible de avellano ( belorta ) y su técnica consiguen cargar más de 50 kg. Primero se coge la hierba y se asienta bien sobre la vara, se toma la postura tumbán- dose y agarrando ambos extremos, se levanta la belortada y se toma camino hacia el tascón de la cabaña, con la dificultad añadida de la poca visibilidad que se tiene.

El Cuévano

El Cuévano es la cesta o capazo que a modo de mochi- la han llevado tradicional- mente los pasiegos con dis- tintos fines: desde el trans- porte de hierba, quesos y demás productos alimenticios, hasta el cuévano niñero, con el que se transporta a los niños.

En la primera mitad del siglo XIX se utilizaron también para pasar contrabando de géne- ros y tabaco desde Francia a Castilla a través del País Vasco, dando lugar a nume- rosas historias y anécdotas.

Traje Típico

El traje típico pasiego es uno de los de mayor riqueza de la región. Una de las descripciones más fieles de su apariencia es la que hizo Córdova cuando fue a la romería de Valvanuz en 1881: "Los pasiegos traían pantalones de pana, camisolas casi escondidas en sus dos chalecos y lucían en el chaleco externo arabescos y colgantes. Rodeaban la cabeza con un pañuelo de color a modo de turbantes o monteras casi asturianas o con sombreros que lucían a veces plumas o flores y calzaban chátaras o borceguíes. Muchos vestían pana oscura con adornos, chaqueta corta, calzón corto con franja, botones y hierros a los lados, ceñidor o faja, sandalias, un pañuelo ceñido a la cabeza o la gorra de pelo o la montera cónica guarnecida de alas de terciopelo o adornada con gruesas borlas de seda, singulares alpargatas terminadas en pico y el imprescindible palo de avellano. Pronto llegaban también las pasiegas, algunas con trajes y adornos lindos, que compraron con sus ganancias de nodrizas en la Corte de Madrid, y las demás con lindos cuévanos y canastros llamados en Pas canastras, magníficamente limpios en su mayor parte, donde portaban al niño propio o al ofrecido, entre ropas blanquísimas y colchas de color, que a veces terminaban con flecos. Venían con los zagalejos rojos, las camisas blancas, los gregorillos de oro y púrpura esmaltando las escarpadas sierras y senderos o las fértiles praderías del valle. Sus vestidos de vuelo caían en clásicos pliegues al airoso movimiento del andar. Lucían collares y ajorcas sobre la piel"