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Iglesia de San Miguel

Ya hemos reseñado la importancia en calidad y cantidad de canteros en el valle, algunos de los cuales, a finales del siglo XV, trabajaron en la construcción de los mejores edificios góticos que se construyen en Castilla y en Andalucía.

Por esta razón no es de extrañar que su iglesia posea una de las mejores portadas del gótico flamígero de la región.

Orientada al sur, es rica en decoración y en técnica escultórica. El vano de la puerta tiene forma de arco con lados rectos y curvos, encima de cuya clave ( piedra con la que se cierra el arco ) hay una concha o venera.

Iglesia de San Miguel
Portalada gótico-flamígera

Hay un adorno de piedra con motivos de adornos vegetales en la superficie exterior del arco conopial y un gran florón en el vértice sobre el cual emerge una columna estriada, cuyo capitel muestra dos cabecitas humanas y sirve de repisa a un jarrón con una granada en su boca, símbolo de la fertilidad. Este arco conopial, se ve con frecuencia en las cons- trucciones del siglo XV y XVI, está formado por cuatro arcos en círculo, dos cóncavos arriba y dos convexos abajo. Dos pináculos o torrecillas y una moldura horizontal encuadran la portada.

La puerta, de madera tallada, también es original y por sí sola constituye una obra de arte. Con decoración plateresca de principios del siglo XVI, tiene en el marco superior dos jarrones con flores y dos pequeñas estelas a los pies de cada uno. En la puerta, en la parte superior, vemos una talla que representa a la sagrada forma y justo debajo se repiten los dos jarrones aunque más pequeños. En el centro, una cruz rodeada de adornos vegetales. En el interior, es digno de reseñar el retablo mayor, de orden salomónico, con figuras talladas en 1625 por el maestro de escultura Francisco Zorrilla. A principios del siglo XVIII se reformó el templo. Hay cuatro piezas heráldicas en las dos capillas laterales. En la capilla de los Cornejo, fundada por el capitán Francisco de Cornejo, vemos un escudo en lo alto de la bóveda, en la clave central, con las armas de este apellido.

En la pared de la misma capilla hay una piedra armera timbrada por un yelmo un poco torcido, con adorno de rollos, y bajo la punta un ángel. El campo va partido: banda de dragantes, que por la estrechez del campo hubieron de tallar en forma de honda. Armas de la Banda. Dos animales empinantes a un tronco de árbol, siniestrado de un castillo. Armas de Zorrilla. Bordura general de cuatro leones tallados muy al natural, lo que contrasta con la labra del resto de la pieza. Armas de Cornejo.

Estas son las armas de la casa de la Banda, Zorrilla, San Martín y Cornejo, este último apellido representado en la bordura. Es curioso que en una de las nervaduras de la bóveda se ve una inscripción borrada, posteriormente, a propósito. En 1710 fue reparada, la capilla, siendo su propietario a la sazón Carlos de Cornejo. Posteriormente se unió al linaje de la Banda.

En la capilla de la izquierda hay otro escudo en la clave con las Armas de Arredondo. En los nervios de la bóveda una inscripción hace alusión a la fundación de la capilla. Va timbrado por un yelmo afrontado y tiene un ángel bajo la punta. En la clave central de la bóveda se repite el escudo.

Puerta original del siglo XVI
"Iglesia de aldea" de José Gutiérrez Solana.

Esta capilla de Arredondo fue fundada por el contador Diego de Arredondo y Leonor de Arredondo, su madre, en 1604. Curioso el cuadro pintado por José Gutiérrez Solana en 1906 conservado en el Museo de Bellas Artes de Córdoba. En su novela titulada "Florencio Cornejo", cuya acción se desarrolla en Ogarrio nos describe, con su personal estilo literario, costumbres ( las plañideras ), alimentación ( posada de Arredondo ), medios de transporte ( la diligencia ) que hoy nos parecen muy lejanas en el tiempo.

La iglesia se encuentra en la actualidad casi igual que en el lienzo a excepción del reloj, añadido con posterioridad. Este cuadro sirvió de apunte para otro de mayor importancia titulado "Los autómatas".

"Los autómatas" es un impresionante óleo fe- chado en 1907, en que aparece un paisaje imaginario con la iglesia de Ogarrio y varios personajes dignos de contemplar con dete- nimiento.

En "La España Negra", cita de nuevo a Ogarrio cuando refiere su regreso de la Bien Aparecida. En el capítulo titulado "el curandero" del libro "Madrid, escenas y costumbres" deja también el escritor constancia de este pueblo al que tanto amaba.

Son sin duda, hermosas imágenes que nos permiten retrotraernos a un tiempo no tan lejano. Solana nos dejó grabado ese recuerdo para siempre.

"Los autómatas" de José Gutiérrez Solana. Al fondo la iglesia.
Torre de los Arredondo
Torre de los Arredondo

Situada en el barrio de la Torre, se trata de una de las más interesantes edificaciones del valle, tanto por su antigüedad, puede datarse en las postrimerías del siglo XIV, como por su inte- resante arquitectura.

Posee un patio almenado, con contrafuertes circulares y en sillería, con portalada adintelada rematada por almenas de estructura piramidal.

Sobrepasada la portalada, se nos presenta a la vista la casona, de tres cuerpos en altura separados por impostas, con cubierta a cuatro aguas y construida en mampostería; a ella se accede por el típico zaguán abierto por un doble arco de medio punto sobre un pilar cuadrado. Encontramos un buen escudo en esquina, estilo renacimiento, con las armas de Arredondo.

Armas de Arredondo

El yelmo de mucho relieve y afrontado, enmarca la cartela y en los ángulos in- feriores del marco unas pequeñas masca- rillas humanas. Como tenantes dos bellos ángeles. Presenta un único cuartel: cas- tillo sobre peñas con una cabeza saliendo por la ventana y dos leones empinantes a los lados.

En la portada de entrada a la finca había un pequeño escudete en la clave del arco con las mismas armas que conservan en el interior los actuales propietarios de la torre. Tiene una labra más rudimentaria que el esquinado y está peor conservado pero, probablemente sea más antiguo.

Escudete con las armas de Arredondo

Sobre el cubo situado junto a la entrada, se ha colocado, en una reciente rehabiiltación, una bola de piedra que se había caído del mismo. En 1854 vivía en la torre Silverio de Tova y del Regato, segundón de la casa de Arredondo en Riva, casado con Juana Carredano y Arredondo propietaria de la casa. Más tarde la casa pasó a ser propiedad de los Arredondo Arredondo en cuyos descendientes se ha extinguido el apellido en rama directa.

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