PARQUE NATURAL SAJA - BESAYA

La mayoría de las fotos y textos de este artículo pertenecen a Miguel Angel Parás Ibárgüen y han aparecido publicadas en la revista Caja Cantabria.

Ubicado en la zona centro - occidental de Cantabria, toma su nombre de las cuencas hidrográficas de los ríos Saja y Be- saya que confieren a este Parque Natural sus peculiares ca- racterísticas y singularidades. Desde el monte del Río de los Vados, próximo a Ucieda, hasta los montes de Saja y Palom- bera en el límite sur, el Parque Natural Saja - Besaya com- prende una amplia superficie forestal de elevado valor ecológico y paisajístico, verdadero paraíso para senderistas.

Los términos municipales englobados en el parque son los de: Arenas de Iguña, Cabuérniga, Cieza, Hermandad de Campoo de Suso, Ruente y Los Tojos, además de la totalidad de los territorios de la Mancomunidad de Campoo - Ca- buérniga.

Bárcena Mayor

Un total de 24.500 hectáreas de las que una cuarta parte están cubiertas por especies como el haya y el roble, y constituye uno de los parajes más fértiles en fauna y flora del territorio nacional. Tiene una estrecha vinculación con la Reserva Nacional del Saja, dentro de cuya superficie ( 180.186 hectáreas ) se ubica. El motivo por el que se creó el parque natural obedece a la nece- sidad de preservar sus innumerables valores naturales, geomorfológicos, botánicos, faunísticos y paisajísticos.

El único núcleo urbano asentado dentro del par- que natural es el conjunto histórico de Bárcena Mayor, en el que podemos contemplar un magnífi- co ejemplo de la arquitectura rural montañesa, milagrosamente conservada.

Su situación emboscada, lo abrupto de la topografía y adverso clima, debió de hacer de este núcleo un lugar propenso para conservar todas sus cualidades frente al paso de los siglos. Esta población constituye, actualmente, un importante enclave turístico, en el que se han remodelado antiguas casonas para emplearlas como albergues rurales y viviendas de recreo. Se trata de un magnífico lugar para iniciar o finalizar un viaje por el parque natural.

Accesos al Parque Natural Saja - Besaya

El acceso al parque se puede realizar a través de dos importantes vías de comunicación. Una de ellas es la N-611, que une las localidades de Torrelavega y Rei- nosa siguiendo el curso del río Besaya. Esta ruta nos conducirá a los pueblos de Villasuso, Los Llares y Pujayo, desde donde se llega al sector noroccidental del parque. La segunda vía, más cómoda y versátil, se inicia en la carretera N-634 que conduce a Astu- rias. Al llegar a la altura de la villa de Cabezón de la Sal tomaremos la CA-180, que nos aproxima al pueblo de Ucieda, para seguir por una estrecha carretera que finaliza en la principal zona de acampada del parque.

Desde este punto, varias pistas y senderos señalizados facilitan recorridos de interés por su interior. Siguiendo el curso de la CA-280 en dirección a Reinosa, seguiremos hasta alcan- zar una desviación a la izquierda que indica el camino hasta el pueblo de Bárcena Mayor, en donde se pueden encontrar albergues, así como una zona de acampada, desde la cual, siguiendo los cursos de los ríos Argoza y Queriendo, se disfruta de magníficos paisajes.

Por último, si preferimos realizar en coche un hermoso recorrido por el corazón del parque, nada mejor que situarse de nuevo en la CA-280, para atravesar el valle del Saja y coronar el puerto de Palombera, desde donde, asoma- dos en el Mirador del Corzo, se puede apreciar una bella panorámica de este enclave.

Montes y Ríos del Parque Natural

Los montes más importantes del Parque oscilan entre los 869 metros de El Mozagro, en su vertiente noroeste, y los 2084 metros del Ijan, en su extremo suroccidental. La disposición orográfica permite diferenciar cuatro zonas: la vertiente del Besaya, las cuencas de los afluentes del Saja medio, el valle de Argoza y la cabecera del Saja.

La vertiente del Besaya es de relieves suaves, atravesados por ríos y arroyos de moderado caudal. Su área de influencia está formada por los montes de Cieza, Poniente y Montequemado. A medida que avanzamos hacia el sur, estas formaciones van ganando en altitud. Encontramos importantes bosques de cagigas. Las cuencas de los afluentes del Saja medio las componen los montes de Viaña y Ucieda, que son de similares características a los anteriores, aunque registran más índice de precipitaciones, lo que se traduce en una red más densa de regatos. El monte de Río de los Vados, o monte Ucieda, alberga un importante bosque de cagigas. Su singular belleza lo ha convertido en una de la zonas más frecuentadas durante los fines de semana, en los que los excursionistas y asiduos visitantes se acercan hasta el lugar para disfrutar de sus encantos. La cuenca del Argoza la constituyen zonas más elevadas, pero de mayor amplitud, configurando valles fluviales de mayor anchura, surcados por ríos de apreciado caudal y aguas más frías por efecto del deshielo. Muchos de estos ríos, antes de llegar al cauce principal, abandonan las zonas altas en bruscos desplomes y cascadas, como la Poza de la Arbencia, en la Sierra de Bárcena Mayor. La última cuenca, las cabeceras del Saja, la más extensa del parque, la forman ocho montes, la mayor parte de ellos situados dentro de los pisos montanos. Destaca por su altitud el monte de Fuentes, en cuyas laderas se asientan importantes hayedos, arropados en sus cumbres por acebales que marcan la transición a grandes praderías.

En el extremo suroccidental, los límites del parque vienen determinados por las mayores elevaciones: el Ijan ( 2084 metros ) y el Cordel ( 2040 metros ). A sus pies, 2000 hectáreas de pastizales acogen cada primavera abundante ganado, que es conducido a estos puertos desde los valles de Cabuérniga y Campoo.

El testimonio más antiguo que dejó el hombre en esta zona son varios menhires grabados que se emplazaron de hace más de tres mil años. Los lugareños dicen que el hombre primitivo quería señalar a la posterioridad las fuentes del naci- miento del Saja. Sin embargo, las primeras aguas del Saja tiene su origen en otros dos ríos, el Diablo y el Infierno, nombre con que la sabiduría popular los ha bautizado para reflejar en ellos la rudeza del lugar por el que discurren sus frías aguas, hasta que se encuentran en Tramburríos, donde el Saja recibe su nombre, para, seguida- mente, precipitarse hasta el Pozo del Amo, en el puerto de Palombera.

Formaciones Boscosas

Los bosques que caracterizan estos vallles y montañas, cubren en la actualid casi un sesenta por ciento del territorio protegido. En las áreas más bajas y septentrionales de este espacio protegido, en las que la influencia oceánica se hace más patente, abundan los robledales.

Los robles comunes o cajigas se localizan sobre todo en
las cabeceras del arroyo de Cieza y monte Poniente, al pie de los altos de Tordías y Braña del Moral. Allí se han declarado 193 hectáreas de zona de reserva, con el fin de preservar su actual estado de fragilidad, singularidad y belleza.

Al ir ganando el terreno en altura se complementan con los hayedos, que constituyen las más importantes y mejor conservadas formaciones boscosas del parque, ya que se sitúan en los lugares más sombríos y menos accesibles de las montañas, por lo que se han mantenido inalteradas por el hombre, debido a su escaso interés para transfor- marse en praderías de siega o pastos para el ganado. Estos hayedos dominan la cuenca media del Argoza y su afluente el Queriendo, así como en la cabecera del río Saja y Cambillas donde, a menudo, acompañados por la niebla, manifiestan todo su esplendor. Tenemos buenos ejemplos de hayedos en Saja y Bárcena Mayor.

Finalmente, las hayas dejan paso a las brañas de las cumbres ( entre 1.000 y 1.300 metros ) en las que crecen los acebales y una concurrida serie de matorrales que conforman verdaderos mantos naturales en áreas como Bustandrán, Bucierca y Palombera. En las cotas de entre 1.300 y 1.600 metros e incluso superiores, como ocurre en las proximidades de Monte Redondo, en Sejos, se encuentra el abedul, árbol que se asienta principalmente sobre suelos silicios. Por su excepcional belleza, merece especial atención el recóndito bosque de roble albar en el paraje conocido como Tramburríos, en cuyas espesu- ras, cuentan las leyendas, tiene su morada el gigante ojancano.

Merece especial atención el monte Ucieda o monte de Río de los Vados, en el que se han acondicionado 11 hectáreas de uso recreativo para dar cabida a la creciente demanda social de este tipo de espacios.

Fauna Silvestre

Quedan muy pocos ejemplares de oso pardo en España

El Parque Natural Saja - Besaya, cuenta con unas 140 especies de vertebrados, valiosísimo patrimonio zoológico que en pocos lugares de la península ibérica es posible reunir. El oso pardo está extinguido prácticamente, solo se pueden encontrar algunos ejemplares en los Picos de Europa y en este parque. Su presen- cia es esporádica, pero regular, sobre todo coincidiendo con los meses otoñales, cuando aprovecha para nutrirse de los frutos que le brindan los bosques del sector suroccidental.

El lobo se deja ver por la mitad meridional del parque, atraído por una riquísima comunidad de mamíferos, tales como corzos, jabalíes y venados. Encontramos otras especies como la garduña, liebre, marta, turón, comadreja y, aunque más escasa, a la nutria. En los ríos del Parque además de la trucha, están presentes el piscardo y la angula. Excelente representación tienen las aves: águilas reales, culebreras, perdices pardillas, becadas, pitos negros, trepadores, no son sino el comienzo de una larga relación que cuenta con más de 120 espe- cies, de las que un centenar son nidificantes. Entre ellas, la que en tiempos fue más emblemática de estos bosques, el urogallo, se en- cuentra desaparecida en la actualidad, y sus últimos asentamientos en Cantabria se localizan en territorios del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Dentro de los anfibios, existen tritones y salamandras, junto a distintas especies de sapos y ranas. Cuatro espe- cies de lagartijas, y varias de culebras y víboras, confor- man el grupo de los reptiles. Valga para reafirmar de nuevo el incalculable valor de este espacio la frase de Félix Rodríguez de la Fuente: "Si tuviera que aconsejar a un exigente naturalista, que además de pretender observar las especies faunísiticas más escasas y raras de nuestro país anduviera escaso de tiempo o no pudiera realizar largos desplazamientos, no dudaría en encaminar sus pasos hacia Santander". En el Parque Saja - Besaya esta afirmación cobra su máximo sentido.