PARQUE DEL MACIZO DE PEÑACABARGA

Este Parque se localiza al sur de la Bahía de Santander, en plena Sierra de la Gándara, y con sus 569 metros de altura es un excelente mirador de es- te entorno. Constituye, el hori- zonte de la capital de Canta- bria, siendo un paisaje insepa- rable del estuario santanderino

Con 2.588 hectáreas repartidas entre Liérganes, Medio Cudeyo, Penagos y Villaescusa incluye el karst de Cabárceno, forma- ción geológica de espectacular morfología y color rojizo, resul- tado de la disolución de rocas calcáreas.

Uno de los espectaculares miradores de Cabárceno

Desde el monumento al indiano en la cima de Peña Cabarga se divisa una de las mejores panorámicas de la región. Los pueblos indíge- nas, el Imperio de Roma, la Edad Media y las centurias inmediatas, han horadado estos suelos con un valor minero incalculable. Ambientalmen- te se caracteriza por sus valores geomorfológi- cos, asociados a los procesos kársticos que se han desarrollado en este macizo como conse- cuencia de la disolución de las rocas calcáreas que lo forman. En esta zona los principales ras- gos morfológicos presentes son los farallones calizos, las dolinas y los lapiaces, destacando entre los últimos el lapiaz cubierto de Cabárceno

La explotación del mineral de hierro desde los tiempos de los Romanos, especialmente en su ladera Sur, ha generado un rasgo paisajístico singular: las agujas kársticas que apare- cieron según se explotaban las arcillas que las cubrían. Esta zona es conocida como el "Karst de Cabárceno". En cuanto a la vegetación, lo más valioso es la presencia del encinar costero sobre los litosuelos calizos, existiendo igualmente restos de robledales, bosques mixtos y bosque de ribera. En estas últimas formaciones ripícolas crían diferentes aves ligadas a los ecosistemas acuáticos. También es frecuente la presencia del murciélago de herradura en las numerosas cuevas diseminadas en este territorio.

Prehistoria

La ocupación humana de las cavernas que jalonan las faldas de Peña Cabarga data de los primeros episodios de la Prehistoria. Ha de citarse como vestigio arqueológico más significativo la Cueva del Morín, ubicada en las inmediaciones del Parque de la Natura- leza de Cabárceno, y conocida internacionalmente por los ente- rramientos, pertenecientes al periodo denominado Auriñaciense, en ella descubiertos. 

Probablemente estas gentes ya utilizaron las rocas y minerales que les ofrecía Peña Cabarga para la contrucción de sus artefactos principalmente de cuarcita o silex.

Edad del Bronce

Es en el Bronce Final cuando podemos marcar el inicio de las explotaciones mineras en Peña Cabarga. Este periodo supone una auténtica revolución, en donde el comercio y la minería desempeñan un papel de primer orden. En el ámbito minero, los avances en la extracción de minerales y en especial del cobre traen consigo el nacimiento de una nueva generación de mineros especializados y de auténticos metalúrgicos expertos en la extracción y fundición de los metales. En este contexto minero tiene gran repercusión el paso del hacha pulimentada de piedra al hacha de bronce, en principio sencilla y posteriormente con las conocidas anillas para engarzar. 

Se conserva en el Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Santander uno de estos ejemplares, hallado en una de las explotaciones mineras diseminadas por la Sierra de Cabarga. El rasgo más representativo, y que ha dado nombre a este periodo histórico, es la proliferación de objetos de bronce relacionados con todos los aspectos de la vida: cascos, escudos, utillaje agrícola, minero y calderos. En Cabárceno, en su mina Crespa, se descubrió en 1912 una mármita de este metal, fechada entre los años 1000 - 800 a.C., que guarda paralelismo con los calderos realizados en las Islas Británicas en los albores del primer milenio a.C.

El Caldero de Cabárceno

Imperio Romano

Igualmente, durante la Edad del Hierro las minas de Peña Cabarga fueron reconocidas y explotadas, co- mo atestiguan los objetos arqueológicos encontrados en las cuevas de la Castañera, en Obregón, y de la Tobalina, en Cabárceno. Es factible que de la ex- tracción y transformación del mineral se encargasen las comunidades asentadas en el entorno de Peña Cabarga y que, una vez convertido en metal, se ex- tendiese a través de rutas comerciales ya estable- cidas, tanto con el sur de Francia como con el resto de la Península. 

Pero es durante la época romana cuando se produce un auge en la actividad minera. La riqueza metalífera de Hispania, y Cantabria en particular, era conocida por los romanos. Las fuentes literarias greco-latinas se encargan de alabar la riqueza minera cántabra ( plomo, hierro y sal ). A finales del siglo I d.C. Plinio dice: "Metallorum omnium vena ferri largissima est. Cantabriae maritimae parte, quam Oceanus alluit mons praerupte altus, incredibile dictu, totus ex ea materiae est". Quiere decir:

"De todas las venas metalíferas, la más abundante en Cantabria es la del hierro. En la zona marítima que baña el Océano hay un altísimo monte que, parece increíble, todo él es de metal...".
Descripción que concuerda perfectamente con la ubicación de Peña Cabarga. No obstante, Peña Cabarga no era la única explotación minera romana de Cantabria. 

Existe constancia arqueológica de que los conquistadores latinos explotaron otros yacimientos mineros de blenda, calamina y cobre en las áreas de Udías, Ruiseñada, Reocín y Soto. Sin embargo, la proximidad de la vena mineral de Peña Cabarga al Portus Victoriae Iuliobrigensium, en la Bahía de Santander, la transforma en punto neurálgico de la minería cántabra durante los cuatro siglos de dominio romano.

Edad Media

Tras la caída del poder político romano se produce una etapa de receso que afecta a todos los órdenes de la vida cotidiana y en el que la economía sufre una profunda transformación entrando en un periodo de autarquía que se prolongará hasta el siglo XII. A partir de este momento, durante toda la Baja Edad Media se inicia un nuevo despegue económico y con él un relanzamiento de las actividades mineras. Particularmente se ha de resaltar la proliferación de ferrerías que aprovechando como energía el carbón vegetal proporcionado por las abundantes mantas forestales de Cantabria, junto con la fuerza de sus ríos, explotaron los recursos férricos de las vetas cántabras y, como no, la de las minas que rodeaban Peña Cabarga.

Edad Moderna

Las minas de Peña Cabarga aparecen marcadas durante la Edad Moderna por la localización en su entorno de varias ferrerías y, especialmente, entre los siglos XVII - XIX por la ubicación en La Cavada y Liérganes de la primera siderurgia y fábrica de artillería de España. A pesar de que las explotaciones mineras eran a cielo abierto, las condiciones de trabajo resultaban extremadamente duras. Se exigía sacar el mineral con la antelación debida a las fundiciones, en los lugares ya abiertos y en venas profundas.

En cuanto al producto, el hierro producido por Liérganes y La Cavada pertenecía a la clase denominada gris, la menos carbonada, de extraordinaria calidad. Con el inicio de la última colada el dos de mayo de 1826, concluida el martes diez de noviembre de ese mismo año, las minas de Peña Cabarga sufren un parón en su explotación, que no verán reactivarse hasta el auge minero e industrial del último tercio del siglo XIX.

Siglos XIX - XX

El desarrollo industrial que se produce a finales del siglo XIX da lugar al surgimiento de numerosas explotaciones mineras en la Sierra de Peña Cabarga. La calidad de su hierro y la facilidad para su explotación propició la instauración de numerosas compañías, no sólo españolas sino también extranjeras. El mineral extraído por las concesiones inglesas, una vez lavado, era transportado hasta el Astillero donde en el cargadero del muelle, que aún se conserva, se embarcaba en las bodegas de los mercantes que la transportaban hasta Cardiff ( Gales ). Con la Guerra Civil Española se produce un parón en la actividad, retornando algunos ingleses a su país para regresar al finalizar el conflicto. En 1951 la mina será comprada por Altos Hornos de Vizcaya hasta que, en estos últimos años la importación de mineral de bajo coste procedente de países sudamericanos, principalmente de Brasil, ha contribuido a dar por finalizada una tradición milenaria. La vena de Pámanes fue explotada hasta 1968, mientras que la de Cabárceno, bajo la concesión a la compañía Agruminsa, prolongó su trabajo hasta su clausura en 1989.