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Los formidables guerreros cántabros

Armas y objetos procedentes de Celada Marlantes

El poeta Horacio escribió un verso famoso al respecto: "Can- tabrum indoctum iuga ferre nostra", que significa "El cántabro, no enseñado a llevar nuestro yugo". Fue el pueblo más belico- so y temido de todo el norte de España. Es de interés conocer las armas que utilizaban:

En defensa era común la coraza, un casco de cuero ( se sabe que llevaban el pelo largo y se lo ataban con una cinta para el combate ) y el escudo que podía ser de dos tipos, caetra ( pe- queño ) o grande. Ambos tipos de escudo eran circulares. Para atacar era muy común el uso de dardos, que manejaban con gran destreza, lanzas, puñales, espadas pequeñas y hachas dobles.

Los cántabros usaban como estrategia la guerrilla y eran hábiles jinetes ( algunas estrategias cántabras de caballería fueron adoptadas por el ejército romano ). Tenían himnos de combate que entonaban incluso cuando eran crucificados. De carácter heroico, abnegado y brutal a la vez, llegan anécdotas ilustrativas de la guerra que sostuvieron con los romanos como las de los padres que mataban a sus hijos y viceversa para evitar caer en manos del enemigo. 

Antes de la guerra contra los romanos los cántabros ya se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la Península.
Tenemos constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma, como nos cuenta Silo Itálico. También parece constatada su intervención ayudando a los vacceos de la Meseta castellana contra los romanos en el año 151 a.C. En la campaña de Roma para tomar Numancia, parece ser que vacceos y cántabros pretendían acudir en ayuda de los numantinos. 

Guerrero cántabro

Se rastrea la presencia de guerreros cántabros en las guerras sertorianas o su intervención junto a los aquitanos en las guerras contra el César para defender las Galias. Según el propio testimonio de César, hubo tropas cántabras en la batalla de Ilerda ( Lleida ) en el año 49 a.C.

   

Las Guerras Cántabras

Los romanos llegan a la Península en el año 218 a.C. con el desembarco de Escipión en Ampurias. En principio era una operación militar contra los cartagi- neses, pero sirvió de excusa para hacerse con la parte del mediterráneo. A lo largo del siglo II a.C., Roma se extendió por el interior peninsular, en una larga lucha contra los pueblos indígenas. Los últimos pueblos en ser sometidos son los cántabros y astures.
Con el nombre de guerras cántabras se conoce a la dura campaña que libró el ejército romano contra el pueblo cántabro para completar su dominio sobre Hispania en la que utilizaron 7 legiones ( 70.000 soldados ). Los historiadores romanos justificaron esta campaña como respuesta a las incursiones que los cántabros realizaban en las tierras cerealistas de la Meseta habitadas por pueblos sometidos ya a Roma, aunque parece más probable que estuvieran interesados en el oro astur y el hierro cántabro. 

Miliario romano

Mapa de las guerras cántabras

En cualquier caso, su independen- cia no era un buen ejemplo para los demás pueblos hispanos ya roma- nizados. 
Aunque las tribus cántabras no te- nían unión política, si que parece probable que se unieran militarmen- te para combatir al invasor romano. La conquista y romanización duró unos 200 años. 

Se suele citar a Corocotta como uno de los caudillos cántabros, del que se dice, se presentó ante los romanos para cobrar la recompensa de 250.000 sextercios que pesaba sobre su cabeza. Ante este gesto tan audaz, el emperador le dejó marchar libre.

Las guerras cántabras tuvieron lugar entre los años 29 y 19 a.C. Los vacceos se sublevaron y lucharon del lado de astures y cántabros, a pesar de no haber tenido buenas relaciones con los últimos por los saqueos sufridos. El primer objetivo de Roma fue recuperar el control sobre estas tierras de la Meseta y el territorio de los vacceos. 

Parece que este año 29 a.C. hubo una importante batalla en las llanuras de la Meseta Castellana entre Roma y vacceos y cántabros. Los romanos domi- naban por fin el territorio vacceo y los cántabros y astures aprovechaban para refugiarse en sus montañas.
Entre el 29 y 26 a.C no hubo mas que pequeñas escaramuzas al sur de la cordillera cantábrica. 

En primavera del año 26 a.C. el emperador Octavio Augusto se dirige en persona a Hispania y establece su base de operaciones en Segisama ( actual Sasamón, Burgos ). Las guerras cántabras empezaban a sonar ya en todo el imperio y era preciso finalizarlas cuanto antes. La calidad del enemigo forzó a traer 7 legiones ( 70.000 hombres ) al conflicto: I Augusta, II Augusta, IV Macedónica, V Alaude, VI Victrix, IX Hispaniensis, X Gemina y XX Valeria Victrix, aunque la V, VI y X operaron en Asturia.

Ancla del periodo romano

Estela funeraria cántabra del Monte Cildá. Dedicada por Leonina a su hijo Sempronio, ambos aparecen de la mano en la parte superior

La estancia de Augusto en Cantabria no debió ser afortunada. El cansancio, el desánimo de una guerra de guerrillas, la aspe- reza del terreno, la enfermedad e incluso un rayo que estuvo a punto de matarle, hicieron mella en el emperador que se retiró de la contienda a Tarragona. Los romanos avanzaban con len- titud dada la dificultad del enemigo que se refugiaba en sus castros, muy complicados de asaltar. 

El ejército romano desplegó tres columnas que envolvieron Cantabria. La oriental avanzó por la calzada desde Pisoraca ( Herrera de Pisuerga ) hacia Portus Samanum ( Castro ) y hacia el interior de Cantabria. La occidental avanzaría por Riaño hasta Liébana. La columna central tomó las grandes fortalezas del sur de Cantabria, comenzado por Peña Amaya y Monte Bernorio.
Hubo una formidable batalla al pie de las murallas de la ciudad cántabra de Bergida o Vellica ( Attica según Orosio ), que se ha identificado con el castro hallado en la cima del monte Cildá ( Olleros de Pisuerga, Palencia ). 

Los cántabros se replegaron tras la derrota hasta el Monte Vindio ( al parecer en los Picos de Europa ), muy elevado, donde pensaban que "habían de subir las olas del mar antes que las armas de Roma". Los romanos cercaron la sierra y casi todos los allí refugiados murieron en otoño por el hambre del asedio romano y el frío ( Vindius en celta significa blanco ).

La batalla final se libró en el castro de Aracillum ( Aradillos, en Campoo ), último baluarte cántabro que opuso una resistencia he- roica. Además, una flota de Aquitania desembarcó tropas por toda la costa cántabra, sorprendiéndoles por la espalda. La arqueolo- gía nos demuestra que hubo numerosas batallas como el asedio romano al castro de Espina del Gallego ( Besaya - Pas ) o el enor- me campamento de legionarios de La Collada ( San Felices de Buelna ). 
En el año 25 a.C. Roma iniciaba su campaña contra los astures que finalizó con la victoria en la ciudad de Lancia ( Villasabariego, León ). La guerra no acababa ahí, puesto que en el año 24 a.C. los cántabros reanudaban la batalla, tendiendo una trampa a un destacamento romano. 

Restos de un patio porticado, Julióbriga

Hito terminal de la Legio IV romana

Para evitar nuevas rebeliones fueron dispersados, esclavizados en las minas o asentados en el llano, donde tres legiones les vigilaron en un principio, pese a lo cual durante el reinado de Nerón ( 54-68 d.C. ) hubo un conato de revuelta.

Las posteriores intervenciones militares de los cántabros, serían como mercenarios del Imperio Romano, llegando incluso hasta el Danubio, Palestina o Britania.

  

Geografía y ciudades en Cantabria.

Villa romana de Camesa Rebolledo

A pesar de las dificultades que encontraron las tropas romanas en su conquista del territorio cántabro, debido a la dificultad del terreno y la belicosidad de este pueblo, con un fuerte sentimiento de independencia, tras cruentas guerras culminaron con el someti- miento de estas gentes su larga conquista de la península ibé- rica. 

A la conclusión de las guerras, muchos cántabros se alistaron como mercenarios en el ejército romano. Son muy abundantes los vestigios epigráficos de soldados cántabros muertos en lugares tan dispares como Britania, Germania, Palestina o Numidia ( Arge- lia ).

Con la romanización las tribus fueron desapareciendo. Los roma- nos introdujeron poco a poco la civilización y aparecieron las pri- meras ciudades. En la costa se fundan Portus Victoriae ( San- tander ), Portus Blendium ( Suances ), Portus Vereasueca ( San Vicente de la Barquera, en la zona de los Orgenomescos ) y Portus Samanum, junto a Flavióbriga ( colonia para veteranos de la que aún quedan restos en el subsuelo de Castro Urdiales, anti- guo territorio de los Autrigones ) en el año 74 d.C. 

Los geógrafos Plinio, Mela Estrabón y Ptolomeo nos dan estos datos de la costa en los que no parece haber discusión actual- mente.

Restos de un antiguo foro, Julióbriga

Ciudades cántabras del siglo II d.C.

Es mucho más complicado saber lo que ocurrió en el interior. Sabemos que los castros fueron desalojados y sus habitantes obligados a vivir en llano. Se fundaron ciudades del interior, no sabemos si todas las tribus formaron ciudades y si es así que nombre les dieron, salvo algún caso evidente. 
A la izquierda está el mapa del geógrafo griego Ptolomeo, que aunque geográficamente es muy confuso, nos aporta los nombres de 8 ciudades cántabras de mediados del siglo II d.C.:

Los concanos habitan la ciudad de Konkana, al parecer la más al norte de Cantabria y que, si arriesgamos con los datos de Ptolomeo, pudo estar cerca de Santillana, concretamente de Vispieres, donde aparecieron restos cerámicos y de una calzada. 
Argenomeskon
es la ciudad de los orgenomes- cos, situada en algún punto del noroeste de Cantabria. En su territorio también estaba el puerto de Vereasueca ( San Vicente de la Bar- quera ).

Vadinia, capital de los vadinenses pudo estar en la parte occidental de Cantabria. Han aparecido 25 lápidas vadi- nenses en el nordeste de León, en la zona de Riaño, lo que hace suponer que por allí pudo estar Vadinia.

Vellika parece que fue la llamada Bergida o Attica, un an- tiguo castro cántabro ( el del Monte Cildá, cerca de Olle- ros de Pisuerga en Palencia ) escenario de una cruenta batalla. Su muralla se reforzó en el siglo V para defender- se de las invasiones germánicas. La ciudad estaría en el llano contiguo ( hoy Mave ) y el antiguo castro sería un puesto defensivo. De Moroika solo se sabe que estaría al sudoeste de Julióbriga. Octaviolca, debía estar cerca de la actual Mataporquera.

Puente romano

Recreación de un poblado cántabro
Recreación poblado cántabro
www.pobladocantabro.com

Otra ciudad polémica es Camarica, de la que se ha dicho que pudo ser Camargo, Cambarco ( cerca de Potes ) o Tamarika, capital de los Tamaricos que esta- ría junto a las "Fontes Tamarici" ( San juan de Fuen- tes Divinas en Velilla del rio Carrión ). 

Julióbriga
( ver debajo ), hace la octava ciudad que nombra Ptolomeo, pero el geógrafo Plinio dice que existía una novena ciudad que bien pudo ser Araci- llum ( fortaleza cántabra durante las guerras que des- pués perdió importancia ) o quizás Amaia, una atalaya natural increible que domina la llanura. Señalar por úl- timo, las ciudades de Noiga Ukesia a orillas del Sella ( que no se sabe bien si pertenecía a astures o cánta- bros ) y Tritino Bellunte, de la que solo sabemos que la bañaba el Deva.

  

Julióbriga y el dominio romano

Si había alguna ciu- dad digna de men- cionar era, tal y co- mo destacaba Plinio, la de Julióbriga, en Retortillo, Campoo de Enmedio. Funda- da en el año 29 a.C es la mayor de las ciudades romanas en Cantabria.

Quizás fue un anti- guo castro. En todo caso  fue levantada para controlar y ad- ministrar todo el te- rritorio montañés.
Junto con Flavióbri- ga que alcanzó la categoría de colo- nia, eran las únicas ciudades reseñables de Cantabria.

Cantabria romana

Tramo de calzada romana

También se manifestó el dominio romano en la construcción y mante- nimiento de una serie de vías ( Pisoraca - Portus Blendium, Pisoraca - Flavióbriga, Julióbriga - Valle del Ebro y una transversal costera que unía los puertos, llamada Via Agrippa ) que pusieron en contacto las distintas zonas de la región con el resto de la península y del imperio . 

Aún se conserva un tramo de 5 km entre Somaconcha y Pie de Con- cha. Las ciudades portuarias como Portus Victoriae y las calzadas sostuvieron la actividad económica y militar del imperio romano.

Ruinas de Portus Victoriae bajo la Cripta del Cristo

No hay que olvidar la ex- haustiva explotación que los romanos hicieron de los recursos mineros de Canta- bria, el hierro, cinc y plo- mo. Plinio hablaba de un monte muy alto en la costa que era todo de hierro, re- firiéndose al parecer a Pe- ña Cabarga. 

Cerámica romana o terra sigillata

Los minerales extraídos serían posiblemente exportados por los numerosos puertos romanos en Cantabria. Además, había una importante relación co- mercial con la Galia a través de estos puertos. Los romanos impusieron su organización política, social, cultural y económica. Introdujeron sus institu- ciones, cultura, leyes, lenguaje, el cristianismo... borrando la identidad del pueblo indígena, a cambio de introducir la cultura greco-latina y el cristia- nismo, aunque de forma bastante limitada por ser la zona menos romanizada.

Para su vigilancia, la Legión IV Macedónica se asentó muchos años en Aguilar de Campoo. En el 39 d.C. fue enviada a Germania y sustituída por la VII Gémina cuyo campamento dio origen con los años a la ciudad de León.

Solo tras el dominio romano, el pueblo cántabro recuperaba su libertad y parte de sus costumbres y hábitos de vida. Volvió en gran medida a habitar los castros que los romanos les habían obligado a abandonar. Resistirían durante siglos a los ataques de los bárbaros, los visigodos y los musulma- nes, fieles a su filosofía de vida indómita y libre.

Miliario romano de Otañes, actualmente en Castro Urdiales
Prehistoria Pueblo Cántabro Romanización Reino Visigodo
Imperio Musulmán La Repoblación Alta Edad Media Baja Edad Media
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