Prehistoria Pueblo Cántabro Romanización Reino Visigodo
Imperio Musulmán La Repoblación Alta Edad Media Baja Edad Media
El Imperio Español El Antiguo Regimen El siglo XIX El siglo XX
La llegada del Islam ( Siglo VIII )
Iglesia mozárabe de San Román de Moroso

La invasión musulmana de Hispania tuvo lugar en el año 711 cuando los contingentes musulmanes de Tarik desembarcaron en Gibraltar y derrotaron al ejército de Rodrigo en Guadalete. Unos años más tarde casi todo el territorio de la Península había caído en poder de los islamitas, que apenas hallaron resistencia a su avance en un reino visigodo destrozado por las luchas internas. 

Los musulmanes respetaron la religión de los habitantes, así que estos solo cambiaron de señor. Buena parte de la nobleza visigoda aceptó a los invasores, a cambio de mantener sus privilegios y sus propiedades. El resto, huyeron hacia el norte, de forma que cuando Tarik entró a Toledo se encontró una ciudad medio desierta, pues muchos habitantes habían huído hacia Amaya, capital del Ducado de Cantabria, o hacia Asturias.

Solo los pueblos del norte habían mantenido su independencia, hasta que Tarik, en el año 714, ataca y destruye la plaza fuerte de Amaya, motivando la huida de los nobles visigodos allí instalados, como Pedro, duque de Cantabria. En Amaya parece que encontró mucho oro y alhajas de los huídos de Toledo. 

Estos y los habitantes de la ciudad debieron refugiarse en las montañas cántabras, donde Tarik ya no se aventuró. Ese éxodo masivo de gente supone el fin del pueblo cántabro como tal, perdiéndose definitivamente su identidad con la mezcla cultural. Es el caso de nobles visigodos como Pelayo, que se instala en Cangas de Onís. 

Interior de la ermita rupestre de Santa María de Valverde

Interior de la iglesia rupestre de Presillas de Bricia

Este movimiento de población se refugia en pequeños y precarios asentamientos donde excavaron iglesias en la roca como lugares de culto ( en Valderredible se conservan varias de estas ermitas rupestres ) para evitar que fueran quemadas o destruidas por los musulmanes. También han pervivido al paso de los siglos unas pocas iglesias de fábrica mozárabes, con influencias islámicas, visigodas y carolingias.

Son San Román de Moroso, Santa Leocadia de Helguera y, sobre todo, Santa María de Lebeña.
Por lo demás, en las montañas del norte, seguían viviendo los viejos pueblos prerromanos allí asentados, entre ellos los astures, los cántabros y los vascones.

El punto de partida de la Reconquista se encuentra en esta zona astur-cántabra. Los invasores finalizaron su conquista al llegar a Gijón, donde detuvieron temporalmente su campaña, quedando la cornisa cantábrica como único reducto por conquistar. Los pueblos de aquel territorio se opusieron a los musulmanes como antes lo habían hecho a los romanos o a los visigodos.

De todas formas, en la zona astur-cántabra la presión musulmana era inferior a la existente en la región pirenaica, en donde los islamitas, firmemente instalados en el valle del Ebro, situaron fuerzas militares con la finalidad de contrarrestar el posible peligro franco, lo que explica que el avance reconquistador fuera más rápido por el occidente de la Península que por el oriente.

Puerta de herradura en la iglesia de San Román de Moroso

   

El inicio de la Reconquista ( Siglo VIII )

Broche de cinturón de Santa María de Hito

Los musulmanes que temporalmente habían detenido su campaña en Asturias, tienen la intención de seguir por las tierras cántabras y vascas, las únicas que les restan para el completo dominio de España. Va a ser este el momento en que la historia fijaría el inicio de la Reconquista.

En el año 722, el noble visigo- do Pelayo, sublevó a los indí- genas Astures. El gobernador musulmán en Oviedo, Munuza, envió contra Pelayo un ejército que fue sorprendido en el an- gosto paraje de Covadonga. 

Los musulmanes se vieron obli- gados a emprender una penosa huída a través de los Picos de Europa por los Lagos de Enol, Vega Mayor, Ostón, Culiembro, el Cares, Amuesa, Bulnes, Pan- débano, Aliva...

El ejército terminó a orillas del Deva, cerca de Causegadia ( Cosgaya ), donde un derrum- bamiento de rocas cayó sobre los últimos supervivientes. Di- cho acontecimiento es la deno- minada batalla de Covadonga, tras la que los musulmanes tu- vieron que abandonar Asturias.

Batalla de Covadonga

Castillo defensivo "La bolera de los moros", Peñarrubia

El suceso tenía escaso relieve desde el punto de vista mili- tar, pero las crónicas cristianas elaboradas posteriormente por los clérigos de la corte asturiana la consideraron ni más ni menos como "la salvación de España". 

A partir de esas fechas se constituyó en las montañas cantábricas el primer núcleo político de resistencia al Islam que nacía en la Península, el reino de Asturias (o astur) con capital en Cangas de Onís. A raiz de estos hechos, se produce una alianza entre Pelayo y Pedro, duque visigodo de Cantabria por el que se federan los territorios de ambos. El hijo de Pedro ( Alfonso I ) se casa con la hija de Pelayo ( Hermesinda ) para reafirmar este acuerdo. 

A la muerte de Pelayo en el año 737, le sucede su hijo Favila, devorado dos años después por un oso en el pueblo lebanie- go de Las Ilces ( Camaleño ). Accedía al trono, Alfonso de Cantabria, convertido en Alfonso I de Asturias que reinaría entre el 739 y 757. 

A mediados del siglo VIII,  Alfonso I rey de Asturias, continúa la obra de Pelayo, recorriendo la cuenca del Duero, contribu- yendo a despoblarla. En el siglo IX el reino asturiano fue pro- gresando hacia Galicia y hacia las llanuras de la cuenca del Duero, en la medida en que se lo permitían tanto sus posibili- dades demográficas como la oposición de los musulmanes.

Iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña

Alfonso I comenzó su difícil tarea con un reducido reino que comprendía Asturias, incluidas las Asturias de Santillana ( la Cantabria occidental ), Liébana y Trasmiera. La Cantabria septentrional estaba en un principio bajo control musulmán. Los cántabros aportaron su tradicional resistencia indómita y sus cualidades guerreras.

  
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