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Nacidos en León, hijos del centurión y mártir
Marcelo, estos hermanos formaron también parte de las legiones romanas
hasta que se decretó la persecución de los cristianos. Decidieron
entonces entregarse al procónsul de Calahorra declarando su fe y aunque
fueron encarcelados y torturados nunca renunciaron a su religión, por
lo que fueron condenados a morir decapitados a las orillas del río
Arnedo el 13 de marzo del año 300.
Se cuenta que antes de morir,
Emeterio lanzó al aire su anillo, y Celedonio su pañuelo, que
ascendieron hacia el cielo a la vista de todos. La leyenda también dice que sus cabezas
decapitadas llegaron hasta Santander a bordo de una nave de piedra, que
atravesaron la roca conocida como la Horadada de los Mártires y
encallaron en la costa.
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