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Durante las Guerras Cántabras el ejército romano
intentó conquistar totalmente Hispania. Al parecer, las diferentes
tribus cántabras no debían tener una unión política, pero si parece
posible que se unieran militarmente ante la amenaza de Roma.
Destacó en ese contexto la figura
de un caudillo cántabro que, al mando de las unificadas tribus de la
región, luchó valerosamente contra los romanos. Fue tanta su fama que el emperador Augusto puso
precio a su cabeza - 250.000 sextercios -. La historia cuenta que el
propio Corocotta se presentó a cobrar la recompensa, sorprendiendo de
tal modo al emperador con esta muestra de audacia - o tal vez ingenuidad
- que le dejó marchar libre.
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