Aunque hay constancia de que estas tierras estuvieron ya pobladas desde antes de la llegada de los romanos, la primera referencia histó- rica escrita que tenemos de Ajo ( Asio ), figura en el "Liber Testamen- tarum" de la Catedral de Oviedo, año 923, en el cual el Rey Ordoño II de León hace donación de la iglesia de San Juan de Asio. Bareyo ( Baredio ) aparece en una escritura del año 1195 y Güemes ( Guemes ) en una de 1084. Estas dos últimas referencias, junto con una del año 1087, referente a la "villa de Asio", aparecen en el Cartulario de la Abadía de Santa María de Puerto de Santoña, la cual ejercía su dominio sobre Trasmiera, amplia demarcación territorial en la que se encuentra incluido el actual municipio de Bareyo.

Las escrituras de Cartulario de Puerto hablan de la existencia en esta tierra, en la Edad Media, de casas, hórreos, tierras, pomares, helechales, fuentes... Nos refieren la existencia de cereales, vides, hortalizas, bueyes, vacas, caballos, ovejas, cabras y cerdos, peces en general, ballenas en particular, molinos de mareas y de río. En estos tiempos, entre el año 722 y el siglo XI, Trasmiera estuvo gobernada por los Condes de Lara.

En estas fechas sus caminos eran frecuentados por peregrinos que iban de romería a Santiago de Com- postela. Para su asistencia había un rosario de hospi- tales y ermitas a lo largo de los caminos. En Güemes estaba el hospital de San Julián y Ntra. Sra. de la Con- solación. También la iglesia románica de Bareyo era una importante estación en el camino. Entre los siglos XII y XIII, el gobierno de Trasmiera recayó en el linaje de Haro, pero a partir de estas fechas el gobierno co- rrespondió siempre a funcionarios reales, dentro del Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa del Mar. No obstante, es importantísima en la Montaña la insti- tución de las behetrías o señoríos locales vinculados a ciertas familias; ciñéndonos a Bareyo y Güemes, su señorío lo ostentó según el Becerro de las Behetrías (1351) la familia Agüero, cuyo tronco fundó Don Pedro González de Aguero, señor de otros muchos lugares.

Con el descubrimiento de América y la introducción del maíz y otros cultivos, se produce una explosión demográfica en toda Cantabria. Dicho aumento de población hace que los vecinos de Siete Villas se diseminen por toda España, Portugal y el sur de Francia desarrollando diversos oficios artísticos, como arquitectos en cantería, canteros, maestros fundidores de campana y artillería, arquitectos ensambladores, ebanistas, escultores, doradores, carpinteros y otros oficios menores. La calidad de hidalguía de los vecinos de Siete Villas era condición indispensable para desempeñar cargos en la Administración, la Iglesia y el Ejercito de los Austrias y Borbones.

De ahí que numerosos vecinos de la Junta ocuparon elevados cargos. Los vecinos que no emigraron continuaron en sus pueblos dedicados a la agricultura, ganadería, el aprovechamiento de los bosques y la defensa de la tierra de las invasiones enemigas. En 1820 se rompe el sistema de un Concejo por cada uno de los pueblos de Siete Villas y un único Ayuntamiento General. La nueva organización administrativa que se inició tras el triunfo de las ideas liberales ( revolución de 1820 ) propició el nacimiento del Ayuntamiento de Fuente Espina ( Ajo ), que estaba formado por los lugares de Bareyo, Güemes y Ajo, en donde se instauró la capitalidad. El impulso de la citada reforma se produjo a raiz de la muerte de Fernando VII y cristalizó hacia 1835 con el cambio de denominación del municipio que, a partir de entonces, pasó a llamarse Bareyo, aunque conservó como cabecera la localidad de Ajo.

Estos tres pueblos han continuando siendo, históricamente, vivero de artistas y artesanos que han llevado el fruto de su trabajo, sobre todo por tierras de la antigua corona de Castilla, pero también de Navarra y Aragón, de Francia y de Portugal, siendo notable la aportación de los artífices cántabros a la historia del arte de España. Hoy, el turismo ha descubierto los encantos de esta zona, con sus ríos, ensenadas, acantilados, playas, montes, bosques, iglesias, ermitas, palacios, casonas, molinos y el agradable carácter de sus gentes.