La primera alusión documental hace referencia a la entrega al Monasterio de Puerto, en 1082 de un quiñón en "Cesereo" ( Cicero ) y Kolindres ( Colindres ). En 1084, Doña Teresa dona a este mismo cenobio sus casas en Cicero y lo que a ellas pertenece, así como otras propiedades en diversos lugares. Bárcena aparece citada en 1085. Alfonso VII, en 1136, concede franquicias a la villa de Ambrosero y, en 1165, Alfonso VIII la cede a Santa María de Puerto. Moncalián se poblaría a la sombra de la iglesia de San Esteban que, en 1254, pasó al dominio del clero santoñés. El "libro de las Merindades de Castilla", de 1351 menciona a Bárcena, vinculada al régimen solariego de la casa de Agüero, y a Cicero que dependería de Oña. Más adelante, estos territorios pasan a ser de realengo.

En Bárcena de Cicero se reuniría la Junta General de la Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa, hecho de gran importancia que aparece recogido en el escudo de armas del municipio. Su población, eminentemente agrícola y gana- dera en su origen, ha sabido acoger de forma ordenada una industrialización adecuada que ha equilibrado su economía, respetando la belleza de su paisaje y sin ningún deterioro medioambiental, lo que le permite seguir siendo un reducto inigualable para nuestros días de ocio y descanso, combinando su ambiente rural, paisaje y gastronomía, esta última garantizada por los magníficos productos autóctonos de gran calidad, verduras, sabrosas carnes y extraordinarios mariscos.

Conformado por los siguientes núcleos de población: Ambrosero, Bárcena de Cicero, Cicero, Moncalián, Treto y Vidular, también nos ofrece variedad de arquitectura tanto religiosa como civil, contrastando por la antigüedad en las menciones escritas que del municipio se hacen ya en 1085 de la capitalidad del municipio, Bárcena y en 1136 de los núcleos de población de Ambrosero y Moncalián.

Escudo de Bárcena de Cicero

Descripción de las armas de Bárcena de Cicero

- En campo de oro, una cruz de San Juan de azur (azul), cantonada por cuatro 
   estrellas de seis puntas de gules (rojo).
- En punta, ondas de plata y azur (azul).
- Al timbre, corona real.

Justificación Histórica

Durante la Edad Media, fue Bárcena un lugar de abadengo dependiente del monasterio de Oña, con especial dependencia de la Orden Militar de San Juan. La Cruz de la orden figura en el centro del escudo de armas de Bárcena de Cicero. En Bárcena de Cicero, se reunió, desde 1455 hasta el siglo XVIII, la Junta General de las Cuatro Villas de la Costa que tenía allí su sede, recordando esta importante cinrcunstancia en el escudo, con las cuatro estrellas que simbolizan a dichas Villas: San Vicente, Santander, Laredo y Castro Urdiales. Las ondas de mar denotan en carácter ribereño y marinero de este municipio.

Bárbara de Blomberg

Doña Bárbara de Blomberg, hija de un burgués de Ratisbona, hermosa y habilísima en el canto, madre de don Juan de Austria, hijo de Carlos V. En 1580 se trasladó a Colindres, a la casa del que fue secretario de su hijo, Juan de Escobedo. En 1584 se mudó a la casa del aposentador Juan de Mazateve, en Ambrosero, donde aún hoy se conoce al lugar como el "Barrio de la Madama". Aquí murió el 18 de diciembre de 1597 a la edad aproximada de 70 años dejando escrito su deseo de que sus restos reposaran en la iglesia de San Sebastián, en el monasterio de Montehano, "hasta que la voluntad del Rey, nuestro señor, sea servido de trasladarlo a otra parte". Actualmente su sepultura aparece cubierta por una lápida de mármol, cuyos relieves son obra del escultor montañés Jesús Otero.

Flavio San Román

De entre los personajaes ilustres que han tenido cuna en el municipio, hemos de destacar a Flavio San Román, ilustre y afamado pintor que nació el 27 de octubre de 1889 en el barrio de Paderne del pueblo de Cicero. De familia humilde, es el el tercero de nueve hermanos. Su talento natural pronto destaca convirtiéndose en un dibujante y pintor que mantiene un estilo tradicional, academicista dentro de la línea de la pintura de finales del siglo XIX, dejando entrever el aspecto lumínico de la influencia de su maestro Cecilio Plá y la de los pintores valencianos. Aún no formado parte del grupo de pintores considerados de talla nacional, hay motivos suficientes para reconocer su valía y el lugar preferente que ocupó en el Santander de los años 30 y 40.

Este genial artista además influyó de manera miu positiva en fomentar y conservar las danzas de Zorromoco de Cicero, danzas que cobraron amplia fama en toda España y Cantabria. Dedicó su vida además del arte a la pedagogía siendo profesor estricto y exigente en el dibujo totalmente académico. Su magisterio lo impartió en diversos ámbitos, en su estudio, clases particulares a domicilio, en el Instituto de Santander, y en el propio Ateneo santanderino. En el transcurso de su dilatada vida artística participó en diversas exposiciones en las que coincidió con otros artistas de renombre tales como Alvear, Riancho, Pancho Cossío, Luis Noval, Jesús Otero o Solana entre otros.